Diputado Edgardo Araya inscribió su precandidatura presidencial por el F.A.

Vie, 10/03/2017 - 09:45 -- Vinicio Vargas
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En un acto celebrado en el local del Frente Amplio, en San José, el actual jefe de la fracción legislativa, el diputado Edgardo Araya, anunció la inscripción de su precandidatura presidencial, en el proceso interno de esta agrupación con vistas a alcanzar la candidatura partidaria para las elecciones nacionales de 2018.

Araya dijo sentirse muy emocionado antes de pedir el apoyo a su nominación como candidato presidencial del Frente Amplio para disputar la Presidencia de la República en los comicios nacionales de 2018.

El legislador, es un reconocido dirigente del movimiento ambientalista de la Zona Norte de nuestro país, es uno de los fundadores de la Unión Norte por la Vida (UNOVIDA), que destacó en la lucha contra la minería a cielo abierto en San Carlos (Mina Crucitas), las acciones para defender a las comunidades de la zona norte de los abuso de los monocultivos como la piña y las nefastas consecuencias en la contaminación de las fuentes de agua potable, la proliferación sin controles de empresas hidroeléctricas y la minería metálica.

Pero, según recordó, su inicio como dirigente ambientalista, social y político fue hace 17 años con el movimiento social de lucha contra el llamado Combo del ICE, un proyecto que se buscaba privatizar a esta institución baluarte del desarrollo nacional con equidad.

Ofrecemos a continuación el texto del documento que el diputado Araya compartió con sus correligionarios:

San José, 8 de febrero del 2017.

Militantes y Simpatizantes del Frente Amplio. Estimados y estimadas compañeros y compañeras:

Reciban ustedes un ilusionado y caluroso saludo. Espero que estén muy bien junto con sus familiares y seres queridos.

Permítanme un momento de su tiempo para contarles, aunque sea a grandes rasgos, una historia: mi historia de vida. Con ella espero que me conozcan mejor; que tengan alguna pincelada adicional de quien les escribe y hoy les pide el apoyo para convertirse en el Candidato Presidencial del Frente Amplio y en el próximo Presidente de la República.

Hace ya casi 17 años, siendo un muy joven abogado, me asomaba por las ventanas de los Tribunales de Justicia de Ciudad Quesada, donde hacía mis primeras armas como Juez de la República, para ver cómo se organizaba nuestra gente contra la voracidad de una clase político-empresarial que acechaba a un emblema de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho: el Instituto Costarricense de Electricidad. Una institución baluarte del desarrollo con equidad social de nuestro país. A esa gesta valiente e histórica se le denominaría luego "El Combo ICE".

Viendo a la gente organizarse, me picaban los pies por estar allá abajo en la calle. Sentía que mi lugar era aquel y no la confortable oficina en la que me encontraba.

Ese capítulo pesó mucho en mi decisión de abandonar una promisoria carrera judicial y decidirme a establecer una pequeña oficina de abogado que me permitiera la libertad de involucrarme en todas las causas por la justicia socioambiental que me apasionaban.

No pasó mucho tiempo para que estuviera en la fundación de la Unión Norte por la Vida (UNOVIDA), con la que acompañaríamos a las comunidades de la zona norte en sus luchas por defenderse del abuso de los monocultivos, las hidroeléctricas y la minería metálica.

Pero antes de seguir, echemos un poco más hacia atrás. Claramente soy un hijo del Estado Social y Democrático de Derecho que defiendo. Un hijo de un camionero y una trabajadora del hogar en San Carlos, -que luego se hizo microempresaria-, jamás hubiese podido aspirar a ser el profesional que logré ser, de no existir las oportunidades en salud y educación pública de calidad que generó ese Estado Social de Derecho, que hoy languidece golpeado por una clase política que lo utilizó para hacer negocios y favorecer a algunos pocos, en detrimento del bienestar de las mayorías.

Hoy quiero que muchas otras personas tengan las oportunidades que yo tuve y eso se logra rescatando la esencia de ese Estado Benefactor. A eso me abocaré en la dirección de un gobierno frenteamplista.

También sufrí el declive de ese Estado de Bienestar. Sé lo que es ver el patrimonio familiar acabado por una excelente cosecha de vainica, papaya o tomate, que quedó a merced del intermediario o el industrial inescrupuloso. Sé lo que es ver la angustia de mi padre, entregando por nada el fruto de horas y horas de esfuerzo, porque quedó indefenso ante el tagarote que quiso pagarle lo que le dio la gana y no lo que era justo. ¡Cómo nos hubiera servido un CNP fuerte que garantizara al micro, pequeño y mediado productor agropecuario el precio justo de sustentación para su cosecha!

Pero al CNP ya lo habían amordazado y reducido a su mínima expresión. En el campo rigió la ley del más fuerte y hoy la explotación campea como nunca. Al CNP tenemos que recuperarlo.

Terminada la carrera de Derecho en la Universidad de Costa Rica, -en la que por supuesto pude estar gracias a la famosa beca once-, volví a San Carlos; no sin antes haber tenido que pasar por algunos trabajos para redondear el gasto. Recuerdo con mucho cariño mi época de misceláneo en el Parque Nacional de Diversiones. Mi primer trabajo en San José me sirvió para conocer mejor a la gente; para tener aún más claro, como ya me lo había enseñado mis papás, que nadie vale por lo que tiene, si no por lo que es. Que nadie es más o menos que nadie. Que todos somos seres humanos y esa dignidad humana no se toca, ni se mancha.

En San Carlos nos ocupaba la pelea por frenar el abuso de las piñeras, que cada vez más avanzaban por las llanuras del norte, arrasando lo que encontraran a su paso; devastando a nuestra Madre Tierra y a la dignidad de nuestro campesinado. Las voces preocupadas por la minera en Crucitas eran cada vez más angustiantes. Se venía además la lucha contra el TLC. Me tocó formar parte de ese maravilloso y mágico momento, en el que la gente consciente de defender su país estuvo cerca de torcer el brazo al poder mediático-empresarial que hoy sigue dominando, con cada vez más dificultades.

Y luego casi no hubo tiempo de reponerse. Una muy poderosa orquestación de voluntades decidió que la minería tóxica era de interés público y conveniencia nacional. Era inaceptable. No podíamos permitir que nuestra Madre Tierra y nuestra institucionalidad democrática pagaran de nuevo la avidez de un grupito poderoso. Hubo que sacar fuerzas de donde no había. Utilizar todos nuestros conocimientos y recursos para detener la devastación que empezó un viernes por la mañana y logramos detener un domingo por la tarde, después de horas y horas de desvelos y frustraciones. Así empezó la última fase de la lucha por Crucitas. El resto ya lo conocen. Ese triunfo por el que pocos apostaban, solamente explicable porque hubo cientos de personas que nos apoyaron y se organizaron de tantísimas formas, me parece hoy premonitorio. Cuidado los que no creen. Aquí el secreto está en creérsela juntos y juntas y en echar para adelante sin arrugarse, sea quien sea el adversario, por más grande que parezca.

Y esa lucha también me permitió trabar amistad con dos personas que me dieron todo el apoyo que les fue posible cuando otros sólo daban excusas elegantes. Un diputado que se llamaba José Merino no escatimó nada. Su confianza y generosidad me hizo interesarme en el partido al que pertenecía, cuando nunca antes se me habría ocurrido intervenir en política electoral nacional. Y me tocó coordinar con un compa asesor de él que ya había visto en la Facultad de Derecho. El mismo que años después me sugirió, medio en broma y medio en serio, que aspirara a una diputación por Alajuela con el Frente Amplio: José María Villalta.

Y aquí estoy, después de todo eso. Gracias al apoyo y la confianza de miles de personas y de mis compañeros y compañeras diputadas, sentado a deshoras con la responsabilidad de un Despacho y una Fracción Legislativa, de cuya exitosa gestión ya tendremos tiempo de escribir; no sin antes haber pasado por la Municipalidad de San Carlos, como Regidor de una coalición local del Frente Amplio con Alianza Patriótica, que denominamos Alianza Sancarleña.

No pueden quedar por fuera de esta historia las luchas que desde el Liceo San Carlos dimos junto con tanta gente contra la minería de azufre que se pretendía implantar en lo que hoy es el Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco. La gran cantidad de personas, primero sancarleñas, luego alajuelenses y ahora de todo el país, que confiaron en mí y me fueron dando el apoyo en cada paso que daba.

Todo esto que les he contado no habría sido posible sin la presencia siempre oportuna y vigorosa de Adriana, quien desde hace ya más de diez años, decidió conmigo que valía la pena construir un proyecto de vida juntos.

Tampoco hubiese sido posible nada de esto sin el apoyo de mis papás, don Édgar y doña Bernardita (o doña María, como quieran decirle) y de mis hermanas Gréttel, Andrea y Karina. Poco se puede hacer sin una familia que nos sostenga cuando las cosas se ponen más difíciles.

Como han visto, hay un personaje que aparece en todos los episodios de esta historia y es siempre protagonista: La Gente, su apoyo y su confianza. Juntos y juntas disipamos miedos y creímos con firmeza que era posible avanzar, dialogar y cambiar las cosas. Estoy convencido que si seguimos. juntos y juntas nada nos puede detener.

Hasta aquí les dejo esta historia. Pueden ver de dónde vengo. No es de la rancia clase política de los de siempre. Soy una persona, un ciudadano que cree que sólo estará bien si el resto de la gente también está bien. Que creyó que ya no bastaba sólo con resistir en las calles y en los tribunales.

Que considera esta lucha política como una trinchera más desde la cual apoyar, facilitar y tejer el cambio que la gente espera. Estoy aquí para empujar y hacer.

Creo haber demostrado que tengo lo que se necesita para liderar al Frente Amplio en esta campaña presidencial y para ser Presidente de la República. Ojalá usted tome en cuenta todo esto y se decida a acompañarme en este nuevo reto. Juntos, como lo hemos demostrado tantas veces, podemos lograr cosas asombrosas.

Atrevámonos a soñar juntos, siempre con los pies en la tierra, y a partir de ahí, continuemos la construcción del país de justicia social y ambiental que todos y todas merecemos.

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