Ecuaciones migratorias

Lun, 16/06/2014 - 09:08 -- Sofia Arce
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Hace una década España se caracterizaba por ser una nación receptora de inmigrantes, especialmente latinoamericanos, que huyendo de la crisis de sus países encontraban en la madre patria un lugar donde hacer sus sueños realidad; una muestra que Latinoamérica no siempre ha visto solo hacia el norte.

Europa siempre ha estado en la mira de la inmigración latinoamericana. Pero ahora, en plena crisis española las cosas están cambiando y un nuevo fenómeno migratorio se vive en el Reino de España.

Hay una gran oleada de jóvenes españoles que están abandonando su patria en busca de mejores oportunidades de empleo y de realizar sus sueños ante la precaria situación que enfrenta España, el alto desempleo que compite con Grecia y las pocas perspectivas de una recuperación a corto plazo.

Todo esto ha llevado a que los jóvenes españoles busquen en extra fronteras lo que ya no encuentran en su suelo. Están llegando en oleadas a los países de América del Sur necesitados de gente calificada, joven y con un buen perfil académico.

Pero esta nueva inmigración se diferencia claramente de la inmigración latinoamericana. Maneja en reversa los propósitos de nuestros inmigrantes, jóvenes ante todo que buscan un mejor futuro. Los inmigrantes latinos salen de sus países dejando todo atrás, excepto algo, sus familias.

Ellos nunca abandonan a sus familias, dejan atrás sus países, pero siempre van con el anhelo de volver a casa, de regresar acá, de encontrarse con sus raíces, con su gente, con su familia; en cambio, los españoles jóvenes profesionales que huyen de la crisis, van dejando atrás esos vínculos que para nosotros son tan fuertes y trascendentes que nunca nos abandonan, dejan sus familias, dejan sus amistades para buscar un beneficio monetario, un progreso económico al que estaban acostumbrados y que hoy ya no encuentran.

Esa diferencia de mentalidad en estos dos fenómenos migratorios se refleja con claridad en los números, forma fría, descarnada, de ver la inmigración solo con efectos económicos y financieros, solo como un estabilizador de la economía y una fuente de ingresos.

Los inmigrantes latinos envían miles de millones de dólares a sus respectivos países, tanto que se han convertido en una fuerza económica que si se terminara, dejaría en graves aprietos nuestra economía, pero a qué precio recibimos esos dólares, cuanto le cuesta a las familias esas remesas.

Las ecuaciones parecen ser claras, pero no por eso dejan de ser macabras y brutales. A mayor desempleo mayor inmigración, a mayor inmigración mayores remesas y con mayores remesas se da un mayor crecimiento del producto interno bruto.

Dejamos el lado humano para centrarnos en el lado financiero, común actitud de nuestros días que aprecia el precio y deja de lado el valor.

Porque cuánto cuesta un dólar en remesas a cada familia de inmigrantes, cuánto dolor, desarraigo y vacío deja la gran inmigración de nuestros jóvenes hacia el norte o hacia Europa.

No se necesita ser de izquierda para plantearse que el sistema está fallando, que hay un sistema injusto que no ofrece ninguna oportunidad a nuestros jóvenes, que les roba el futuro, que les roba su inocencia y que trunca sus sueños, es cuestión de hacer números, porque los números fríos como son también son humanos, son más que ecuaciones, son personas que sufren, que anhelan y que sueñan como todos nosotros.

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